Me hacías tan bien, que me llene de miedo.
Eso no era asunto del tiempo, así que el tiempo pasó, pasó el otoño, y la brisa helada entró en mí como si fuese la pieza de muerte que me hacía falta para embestirme y derribarme.
Entonces era invierno, y fuiste hacia lo verde.
El cielo me hacía muecas, ellos lo vieron, y el miedo me dejó, junto con el calor de mi cuerpo y las cicatrices del aquel mar... aquel mar... tan frío y tan distinto.